Avisar de contenido inadecuado

SOMBRA AQUÍ Y SOMBRA ALLÁ (MARZO 2.009).

{
}

 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 167 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Los diversos y sucesivos escándalos políticos de los últimos tiempos nos vuelven a mostrar -de forma nítida y cruel- la oscura trastienda que existe detrás del brillante escaparate de la vida pública española. Una vez más, estos acontecimientos ponen al descubierto las evidentes deficiencias de nuestra Democracia. Un sistema político que no funciona y que, entre unos y otros, van sosteniendo muerto -pero atado al aburrido caballo de la inercia- en una nueva versión -muy poco heróica, por cierto- de El Cid Campeador. Déficit democrático en participación ciudadana y, por tanto, también déficit democrático en nuestras correlativas posibilidades de control de estas asombrosas actuaciones, más que dudosas, de los poderes públicos.

Todos los partidos políticos mayoritarios -los que disfrutan de parcelas muy amplias de poder institucional- saben cuál es el estado real de la cuestión. Ellos saben perfectamente que la vida de los grandes partidos se fundamenta, en gran medida, sobre la base de una corrupción financiera aceptada -con más o menos aspavientos- por sus cúpulas dirigentes. Sólo de esa forma puede denominarse el escándalo -permanentemente silenciado- de los préstamos bancarios concedidos a los grandes partidos por las entidades de crédito. Millones de Euros otorgados a fondo perdido por los Bancos a nuestros políticos sin constar, al día de hoy, ninguna acción judicial tendente a la recuperación de las cuotas impagadas de estos préstamos. Cada cierto período de tiempo aparece algún Informe del Tribunal de Cuentas que tiende a poner el acento en esta situación, pero que siempre -ante la estupefacción de los observadores imparciales de la vida política- es relegado a un tercer o cuarto plano por los medios de toda clase que conforman nuestra opinión pública. Cosas de esta minidemocracia que disfrutamos ya que -y no hagáis la prueba en casa niños- si cualquier ciudadano individual, o cualquier empresa, deja de pagar la cuota esclavizante de su crédito a la entidad bancaria correspondiente se verá, de forma inmediata, reclamado judicialmente por la misma. Con eficiencia prusiana, será demandado -con meticulosa exactitud aritmética- por el importe de la suma adeudada. Por eso, lo del sastre de Camps, el Caso Gürtel y demás -Jaguar incluído- no son más que pequeñas bagatelas... escándalos deliberadamente ventilados con una lógica pérfida y siniestra. Y es que sabiendo todos -como saben- el verdadero estado de la cuestión, se permiten el lujo de escandalizarse ante concretísimos puntos de desvergüenza política y humana, y siempre con vistas a desvelar públicamente estos asuntos por algún motivo que, en ese preciso momento, interese por alguna razón u otra. Elecciones, luchas internas dentro de un mismo partido, control de alguna institución... siempre por alguna de estas coyunturales -y más o menos evidentes- circunstancias.

Y así vamos tirando... en una España que se deshace por causa de una produnda depresión económica y en camino de los cuatro millones de parados, existen responsables públicos empeñados en que aquí no ha pasado nada, y en que tenemos que seguir preocupándonos del sastre de Camps o del precio de las conferencias del Juez Garzón. En determinados Medios de Comunicación, se centrarán las críticas en los escándalos destapados en el Partido Popular. En otros, se resaltarán las viviendas multimillonarias de Pepiño o los pagos de la UGT a nuestro Juez megaestrellamediática. Todo dependerá del partido que hayan tomado y de la facción a la que hayan decidido apoyar. Absurda carrera del y tú más infantil que encubre -cada vez menos- la verdadera raíz de la enfermedad que afecta al sistema político occidental. Porque el problema no es que la UGT abone -nada más y nada menos- que doce mil euros a Garzón por unas conferencias y que éste, a su vez, no comunique el hecho ante el Consejo General del Poder Judicial. Tampoco está el problema en que determinados cargos públicos acepten regalos, más o menos valiosos, por parte de representantes de intereses opacos y presuponiéndose prebendas por servicios prestados. El problema está en un sistema que encuentra plenamente normal estas circunstancias: que los políticos acepten un Jaguar de regalo o que los Sindicatos abonen charlas millonarias en vez de defender a los trabajadores en esta época de terrible crisis económica. El problema es que estas actitudes son plenamente normales y sobradamente conocidas por la generalidad de nuestra llamada clase política hasta que, por las razones que antes apuntaba, son expuestas ante la opinión pública en un alarde de asombrosa doble moral.Terminemos con este sistema agotado y habremos acabado -de un plumazo y para siempre- con estas lacras ciudadanas.

Los falangistas insistimos en la necesidad de una transformación radical de la política española. Propugnamos una profunda renovación espiritual y material de nuestra vida económica, social y política. La Revolución. Y fijaros que, en este caso como en casi todos, la importancia de cualquier política transformadora pasa -de manera inevitable- por la anulación del juego de las instituciones bancarias. Hagamos desaparecer la Banca Privada y habremos dado un paso de gigante en este anhelo de honestidad, transparencia y seriedad en nuestra vida pública. Lo demás... el chocolate del loro.

{
}
{
}

Los comentarios para este post han sido deshabilitados.