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SON JÓVENES PERO NO TONTOS (MARZO 2.010).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 217 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Pasado mañana -el Jueves 25 de Marzo- estoy invitado a la Cuarta Mesa de Debate organizada por el Centro de Estudios Nacional Sindicalistas (CENS). Cuando leáis estas líneas, la Mesa ya se habrá celebrado, y seguro que envuelta en el éxito acostumbrado dentro de nuestro ámbito político. Yo creo que no deja de ser agradable ir a la Mesa en la condición de Ponente en vez de en la de moderador, tal y como llevo haciendo todo este Curso Político. Podré hablar y expresar mis opiniones respecto a la materia propuesta del Debate, que no es otra que la problemática juvenil a estas alturas del Siglo XXI. En vez de guardar respetuoso silencio sobre esta cuestión -morderme la lengua para poder moderar de manera imparcial- podré debatir y opinar sobre este asunto apasionante. Un asunto algunas de cuyas perspectivas, desde una óptica falangista, llevamos defendiendo públicamente en la Sierra de Madrid.

Por un lado, son frecuentes las imputaciones que achacan a nuestros jóvenes un más que evidente desinterés por la política. Por la llamada cosa pública. Lo verdaderamente asombroso de esta reiterada acusación es que existan -al día de hoy y con la que está cayendo- ciudadanos a los que siga asombrando esta afirmación. Qué alguien me explique cómo pueden ilusionar -a cualquiera de nuestros ciudadanos y no sólo a los jóvenes- las alternativas políticas sostenidas por los grandes partidos. Lo normal es que estemos todos francamente desinteresados. Absolutamente aburridos de tanta y tanta falta de imaginación, rivalidad mal entendida, afán de lucro, desconexión con las verdaderas necesidades populares y falta de respuesta adecuada ante esta situación social de emergencia. Lo extraodinario sería que los jóvenes contribuyeran de forma activa a apuntalar este desvergonzado estado de cosas. Por el contrario, los jóvenes -al menos sectores más o menos extenso de ellos- se encuentran inmersos en proyectos políticos de contenido alternativo. Son los jóvenes los que -desde una u otra barricada- están propugnando las distintas posibilidades revolucionarias que han levantado la bandera en medio de la tempestad. Hoy también -en ese mismo análisis que resultaba tan querido para nuestros fundadores- existe un hilo conductor común entre la juventud revolucionaria española. Y es que ya sean rojos o azules -o verdes o negros- existen amplios sectores juveniles unidos en la tarea inexcusable de la destrucción del orden capitalista, y su correlativa sustitución por otro sistema económico más justo. Las características que deberían reunir esas nuevas formas sociales marcan -de hecho- ciertas diferencias entre unos y otros, pero lo cierto es que existe una total coincidencia en la necesidad de terminar con el orden económico actual. Esta convergencia política es muy importante y -además- puede llegar a serlo mucho más en el futuro por fuerza de los acontecimientos que nos depare el porvenir.

Por esta razón, yo creo que no existe una juventud desinteresada en la política. Yo creo que existen jóvenes mayoritariamente desinteresados en la vieja política. Y también creo que alrededor de un puñado de ideas sinceramente transformadoras de la sociedad encontraremos jóvenes. Eso lo estamos viendo todos los días aquellos que propugnamos una acción revolucionaria frente a este deshecho equilibrio de poder. En esa clase de líneas de actuación siempre los encontraremos. Cada vez más. Todo será cuestión -al igual que ocurre con los demás sectores sociales- de pulsar los resortes de la ilusión. De anunciar La Gran Esperanza.

Se dice que están maleducados, y que son profundamente incultos, como si de ellos dependiera la elaboración y determinación de los Planes de Estudio. Se dice que, ante determinados aspectos de los modos y usos de nuestra juventud -en el mundo del ocio, por ejemplo- no caben más que medidas represivas. Estas voces consideran a ciertos sectores juveniles como un conjunto de niños que -egoístas y malcríados- tan sólo merecen ser constantemente vigilados y reconducidos por medio de medidas policiales. Incidentes derivados del conocido botellón han agudizado -a lo largo de los últimos meses- la consideración de este problema juvenil como un asunto de estricto orden público. Política de palo y tentetieso frente a estas manifestaciones propias de los usos y costumbres de estos sectores juveniles.

Nosotros -los falangistas de esta parte del mundo- no nos hemos cansado de decir que todo esto no tiene una solución estrictamente policial. Ni muchísimo menos. Se trata de un problema de falta de participación política. Otro aspecto más -en el mundo joven- de la exclusión social producida por el déficit democrático de las formas participativas actuales. Y es que en este ámbito -como en tantos y tantos otros- la profundización en el contenido de nuestros derechos y de nuestras libertades traería consigo -en proporción decreciente- un descenso en la necesidad de aplicación de medidas policiales represivas. Nosotros creemos en que una mayor responsabilidad política trae consigo un espacio mayor de libertad. A mayor libertad, menos necesidades represivas de contenido policial. Y todo ello dentro de nuestros Municipios, como núcleo político idóneo de participación. Cosas tan increíbles como el botellón -verdadero ejemplo de autoexclusión social- perderían relevancia si nuestros jóvenes conquistaran mayores ámbitos de responsabilidad en la gestión política de sus esferas de poder. Democracia participativa e incorporación de extensos sectores sociales a las labores de gobierno.

De esto, y mucho más, se habrá hablado en la próxima Mesa de Debate. Iniciativas políticas que -siempre que podáis- os recomiendo no os perdáis. En vivo y en directo. Valen la pena.

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