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LA SONRISA DE VASYL ROZHKYI.

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 TAGS:undefinedEstá visitando España el soldado Vasyl Rozhkyi de la 90 Brigada Aeromóvil del Ejército de Ucrania. Tiene veinte años y le han destrozado una pierna en la defensa del Aeropuerto de Lugansk. Está convaleciendo en nuestro país gracias al trabajo infatigable de la excepcional Asociación Con Ucrania. Algún día, cuando vuelva a escribir sobre causas justas y sobre gestos nobles, escribiré sobre el papel que la comunidad ucraniana en España ha desempeñado en el apoyo a unos soldados que luchan en tierra muy lejana. En el apoyo de sus propios soldados. Un Ejército en gran parte voluntario que, organizado apresuradamente después de la Revolución de Maidán y en clara desigualdad de condiciones, está defendiendo la integridad territorial y la soberanía de su país frente a la agresión extranjera. Sosteniendo, con las armas en la mano, los derechos de una nación frente al intervencionismo imperialista.

El soldado Vasyl Rozhkyi ha teorizado muy poco sobre el papel de la Unión Europea en cuestiones de política internacional, o sobre la influencia geopolítica de la Península de Crimea en el nuevo equilibrio estratégico de la región. Tiene veinte años, una pierna destrozada y una franca sonrisa. El soldado Vasyl Rozhkyi tiene el alegre aplomo de los héroes y no deja de sonreir. La sonrisa serena de aquellas personas que tienen la suerte de saber, por encima de toda circunstancia, que han vivido conforme a lo que creen y que han luchado por aquel puñadito de cosas que merecen ser defendidas. Nosotros, en esta Europa comodona y empobrecida, hablamos mucho. No dejamos de hablar sobre la democracia, sobre los derechos ciudadanos, sobre las libertades públicas o sobre la recuperación de nuestra soberanía. En cambio, en el Este de Ucrania y en medio de una tempestad de metralla, estas cosas se discuten más bien poco: conceptos tales como democracia, derechos, libertades o soberanía se están defendiendo con la sangre de una joven generación de voluntarios. Ellos hacen.

Se trata de una guerra lejana cubierta por la niebla de la desinformación consciente. Una maraña de mentiras y de datos inexactos, cuando no directamente falsos, extendidos por la todopoderosa maquinaria propagandística de la Rusia de Putin. Conceptos que han puesto de acuerdo a la más ortodoxa extrema izquierda con la más rancia extrema derecha. Una cortina de humo minuciosamente tejida y tendente a enmascarar la tozuda realidad de los hechos: que existe un agresor, que existe un agredido, que Ucrania tiene el pleno derecho soberano a determinar las líneas esenciales de su política interior y exterior y que Rusia pretende impedirlo.

Los soldados de Ucrania son muy diferentes a sus enemigos. Están luchando por una concepción del mundo en nada coincidente con la megalomanía imperialista de sus adversarios. Soldados a la fuerza que han dado el paso al frente de los momentos trascendentes y duros de una nación. Ciudadanos con nombre y apellidos, voluntarios de un nuevo proyecto nacional libre y democrático y con una vida que vivir ajena a las armas y a la guerra. La sonrisa sincera de Vasyl Rozhkyi le aleja, de forma irremediable, de los autómatas frente a los que está combatiendo: los soldados anónimos y deshumanizados de la Rusia totalitaria y filofascista del Zar Negro.

Los hemos visto hace muy pocos días. Filas de soldados idénticos que, formando rectángulos de perfecto desfile y fanfarria, conmemoraban el setenta aniversario de la Derrota del Fascismo en Europa. El poder militar de los soldados sin rostro de la Rusia de Putin, y la conmemoración de la victoria sobre un modelo político y social que, al fin y a la postre, ha resultado ser el mismo que han terminado implantando en la Santa Rusia. Curiosas paradojas del militarismo expansionista. La Dictadura instaurada a la sombra de las bayonetas triangulares de esas líneas compactas de soldados. La Rusia de hoy no es nada más -y nada menos- que eso: un Régimen totalitario que oprime las libertades individuales, que exhibe ante el mundo un poderío militar de botas y de gorras altas, que elimina a la oposición política y a la información independiente, que invade a sus vecinos, y que, como colofón de todo ello, pretende enmascarar toda esta política de fuerza bajo la maraña de una plúmbea pseudofilosofía tercerista y paneuropea.

Y es que el paralelismo con otros momentos históricos oscuros es demasiado fácil de escribir. Un líder carismático e infalible. Grandes concentraciones militares y políticas de masas tendentes a convencer al resto del mundo de un supuesto vigor político y social. Una política encaminada al rearme acelerado de un Ejército sobredimensionado. Intervenciones militares exteriores realizadas bajo la excusa de la protección de minorías étnicas. Medios de Comunicación puestos al servicio de políticas desinformativas. Una corriente de pensamiento que, cocinada en las covachuelas de un poder de recursos ilimitados, es formulada tan sólo para ofrecer un cierto amparo intelectual a una política de simple expansionismo militar. Y, como resumen de todo este engranaje, existe una Europa democrática sumida en los problemas propios de la recesión capitalista, que no puede permitirse el lujo de un serio enfrentamiento con la bestia. Una comparación demasiado fácil. Putin y Hitler. Desfiles en Moscú y desfiles en Nuremberg. El rearme alemán y el Ejército de la Nueva Rusia. Goebbels y Russia Today (RT). Rosemberg y Duguin. El oro de Moscú corriendo a raudales por Europa para articular corrientes de opinión favorables a la intervención en Ucrania. Los Sudetes y Crimea. El Pacto de Munich y los Acuerdos de Minsk. Una Europa que no termina por aprender de sus propios errores pasados...

Por eso, tengo el convencimiento de que estos soldados ucranianos -este Ejército improvisado en el patriotismo de sus jóvenes voluntarios- están combatiendo por todos nosotros y no sólo por su propio pueblo. Son el dique a la expansión totalitaria rusa. Porque frenando a Putin en el Este de Ucrania están luchando y muriendo por todos nosotros: por todos aquellos que creemos en una Europa más libre, solidaria y justa. Por todos los que estamos orgullosos -gracias a este supremo sacrificio- de que la caverna reaccionaria nos haya puesto el apelativo pretendidamente insultante de maidanes.

Vasyl necesita dieciocho mil euros para una complicada operación quirúrgica que le salve su pierna destrozada. La Asociación Con Ucrania está haciendo lo posible y lo imposible para reunirlos. Voy a ayudar en lo que pueda y os animo a hacerlo. En lo que tiene de humanidad -aunque Vasyl no la pida para sí- y en lo que tiene de declaración de intenciones. Por su lucha y por una Europa libre -de una vez por todas- de tiranos intervencionistas.

Me cuentan que el soldado Vasyl Rozhkyi ya sabe decir gracias y por favor, y que sigue demostrando una valiente entereza sin perder la sonrisa. Y ello no deja de ser un maravilloso final para estas líneas... Gracias a ti Vasyl... gracias por todo. Slava Ukranie.

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