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SUENA DE FONDO "SOLDADITO ESPAÑOL" Y PROSIGUE ESTA GRAN ESTAFA (MAYO 2.012).

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 TAGS:undefinedNo creo que caigáis en la trampa. La trampa de las nacionalizaciones y la polémica en torno al caso BANKIA. Los falangistas sabemos que el modelo de nacionalización bancaria que ha practicado el Gobierno del Partido Popular no tiene nada que ver con el nuestro. Primero, porque tiende a salvaguardar el actual sistema crediticio español, pero no a desmontarlo. Segundo, porque se circunscribe a entidades bancarias concretas, y no a todo nuestro sistema financiero. Tercero, porque es el resultado de los manejos siniestros procurados por el no menos siniestro Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), que no es otra cosa que el nombre que ahora se da a la utilización del dinero de todos en la salvación del negocio de unos pocos. Cuarto, porque estas medidas tan sólo van a conseguir una innecesaria estatalización, pero no una simplificación descentralizadora de nuestro modelo de Estado. Quinto, porque estas medidas de nacionalización bancaria no sirven para nada si no van acompañadas de profundas transformaciones políticas y sociales que, desde luego, ni el Gobierno de Rajoy ni ningún otro van a acometer. Sexto, porque...

Digo esto porque –de forma asombrosa- he leído comentarios positivos sobre esta medida provenientes –precisamente- de nuestras propias filas. Se dice que nosotros llevamos decenios propugnando medidas de nacionalización bancaria, y que la recesión capitalista nos está dando la razón desde el mismo momento en que ha propiciado medidas como estas. Se dice que, de repente, se han hecho realidad circunstancias financieras hasta ahora inimaginables: nacionalizaciones e intervenciones estatales de toda índole. Se dice que, al final, el tiempo nos ha venido a respaldar, y que lo que llevamos años propugnando era lo que, a la postre, han hecho los gobiernos del mundo occidental para luchar contra la crisis.

Esta es la trampa. Que todo este entusiasmo intervencionista se origina con la confesada finalidad de salvar el modelo bancario, y que estas nacionalizaciones parciales se están decretando tan sólo para que la banca privada pueda seguir existiendo como hasta ahora ha existido. Una medida que tiende a salvar los muebles sin deshacer la casa. Llevamos ya años –más o menos desde que estalló el invento- diciendo que el capitalismo tiene múltiples formas de perpetuación, y que va a intentar aplicarlas a la situación actual. Se está reinventando desde hace siglos –dinámica capitalista interna- y lo va a seguir haciendo siempre y cuando nosotros, el sufrido y estafado pueblo español, lo sigamos consintiendo.

Lo que nosotros queremos no es una banca pública al estilo soviético. Una banca nacionalizada que pasa a ser parte del entramado del Estado. Estatalismo es burocracia gigantista y corrupción. Formas de Estado profundamente contrarios al nacionalsindicalismo. Lo que nosotros queremos es una Banca Sindical. Entidades bancarias descentralizadas correspondientes a cada Sindicato, siendo sus fondos propiedad de los trabajadores sindicados y reinvirtiendo sus beneficios en actuaciones sociales que atañen a sus titulares legítimos. La Banca Sindical. Organizada de abajo arriba y controlada y supervisada por los propios trabajadores. Bancos con beneficios razonables empleados en mejorar la vida de los propietarios de sus fondos mediante actuaciones directas. Uno de nuestros grandes mitos revolucionarios y nada que ver, por lo tanto, con este señuelo capitalista, que tiende –como se ha dicho tantas veces- a socializar las pérdidas bancarias mientras los beneficios siguen en manos de unos pocos.

Vivir para ver en este nuevo escenario de nuestra pobre España. La España de la constante sucesión de las malas noticias –diaria ración de desesperanza y miseria- y ola de patriotismo cañí que nos anega de Norte a Sur. Patriotismo inspirado y dirigido por nuestros propios dirigentes. La derecha y sus recursos específicos. El Gobierno del Partido Popular abriendo los candados del Sepulcro del Cid y enarbolando la bandera roja y gualda a la más mínima ocasión. Algo así como una celebración electoral en la Calle Génova pero todo el año. España es Una y no Cincuenta y Una... ote ote ote rojo el que no bote y demás. Una constante llamada a la responsabilidad del patriotismo hueco de los muchos para pagar los platos que han sido rotos entre unos pocos.

Argentina expropia YPF y Mariano Rajoy apela a nuestros valores patrioticos. REPSOL es España y nos lo quitan. Cerremos filas en torno a las banderas y avancemos –al son de los tambores de batalla- al combate contra estas insurrecciones coloniales. Esta empresa –que siempre se ha caracterizado por una defensa desinteresada y acérrima del bolsillo del españolito de a filas durante la crisis... ¿verdad?- nos pide ahora una respuesta contundente y unánime. Suena, de fondo, Soldadito Español y España se apresta a la lucha. REPSOL somos todos... ¿acaso no sabéis que el Rey ha pedido perdón? ¿no escucháis la voz de Don Pelayo que nos llama al combate?

Y ahora BANKIA. Para mí siempre será Caja Madrid. Esa entidad que –como a tantos y a tantos españoles- nos ha explotado desde que tenemos uso de razón. Años de mi vida –larguísimos años de trabajo a destajo- entregados a devolver –cuatriplicado- un crédito por la casa que compré. No podría cuantificar las situaciones de angustia y de ansiedad que estos modernos bandoleros me ocasionaron en su momento. Trabajando casi en exclusiva para la misma Caja Madrid que ahora nos llama para su público rescate. Como si una gran cantidad de españoles no estuviera trabajando ya para Caja Madrid. Ingresando mes a mes el dinero que otros se dedican a malbaratar sistemáticamente. Pagando el nauseabundo trapicheo que el capitalismo ha impuesto sobre el derecho inalienable a una vivienda digna. Sobre nuestros hogares.

Caja Madrid o el negocio redondo. Concediendo el crédito para construir las casas sobre las que luego constituíamos créditos para poder pagarlas. Crédito para construirlas. Gano tres veces más de lo que presto. Crédito para poder comprarlas. Gano cuatro veces más de lo que presto. Ventajillas adicionales: tarjetas, comisiones hasta por poner un sello y pólizas varias de seguro. Y, como guinda, me quedo con esta casa si el ciudadano se atreve a no pagar las cuotas. Estos son los mismos que ahora piden la ayuda de todos para seguir exprimiendo el limón. Rodrigo Rato ese gran gestor...

Tengo suerte y ya no me une nada a Caja Madrid. Liquidé totalmente mi crédito hipotecario contra la expresa opinión de los responsables de mi Sucursal –decididos partidarios de que siguiera encadenado a esta condena de bola unos cuantos años más- y hará unos dos años que no guardo un miserable euro en esta excelsísima entidad. Mejor no entrar en las circunstancias personales que motivaron mi salida de Caja Madrid, ya que constituye uno de los capítulos de soledad e infamia más tristes de mi vida. Todo esto ha motivado que no guarde ningún cariño a Caja Madrid. Ningún afecto hacia el prototipo del negocio bancario que ha traído la miseria a tantos millones de españoles.

Que se guarden su patriotismo donde les quepa. Que se lo metan por donde amargan los pepinos. El patriotismo de hoy –de esta triste España de 2.012- exige otras posturas y actitudes. Exige, para empezar, una limpieza general de monarcas, obispos, generales, patrones y banqueros. Pero esta –como siempre- es otra cuestión.

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