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TALANTE Y REACCIÓN POPULAR (DICIEMBRE 2.005)

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Publicado en el Núm. 99 de "La Gaceta Escurialense".

Durante los últimos meses de vida política española, hemos asistido a un curioso, y contradictorio, espectáculo: desde un cierto sector de la inteligentzia política, se nos han cantado las excelencias del diálogo constructivo entre las distintas fuerzas sociales, de las evidentes ventajas del consenso reposado y consciente. Se trata, como de todos es sabido, del famoso y omnipresente talante, verdadero ejemplo de palabreja de diario y constante uso coloquial.

Nos aseguran que estamos en el reinado del talante, del acuerdo negociado, del consenso político y del pacto. Sin embargo, y si esto es así... ¿por qué existe este indisimulable grado de crispación política? ¿por qué este casi constante enfrentamiento entre las opciones mayoritarias, entre la izquierda y la derecha, y entre sus respectivos apoyos de carácter social?

Podríamos ofrecer ríos de tinta intelectual sobre el asunto. Exponer muy eruditas reflexiones acerca de las fuerzas extrínsecas e intrínsecas que siempre han actuado sobre España, de su falta de vertebración suficiente, de la ausencia de una auténtica cultura del diálogo... folios y folios eruditos y, posiblemente, cargados de razón.

Debemos partir de la base de que el talante, como tal, NO EXISTE. Básicamente, y en la práctica, la definición de talante consistiría, más o menos, en una forma de gobernar consensuada, en la búsqueda de acuerdos amplios para las reformas legislativas.

Se trata, sin embargo y en líneas generales, de otro de los mitos a los que nos tiene acostumbrados la progresía burguesa española.

En virtud de este mecanismo mental, la izquierda siempre se comporta de forma socialmente correcta, porque siempre persigue el bien común justo y solidario. Siguiendo con esta hilo argumental, el comportamiento de la derecha siempre sería egoísta y cobarde, ya que sus motivaciones nunca serían justas ni socialmente adecuadas.

En estas condiciones previas, es impensable una negociación razonada: la izquierda cree que siempre tiene razón, y acude a negociar en esta creencia. De esta forma, resulta muy difícil modificar tu planteamiento inicial, ya que toda desviación del mismo constituye una auténtica traición al razonamiento correcto.

Y ante esto... ¿cómo se comporta la derecha española?

Curiosamente, se produce en este sector político un efecto absolutamente contrario al anteriormente apuntado. La derecha española cree, en su yo más íntimo, que las posiciones progresistas son socialmente más idóneas que las propias, habiendo desarrollado un sutil complejo político que nunca reconocen, pero que solemos advertir a través de determinadas conductas o definiciones. Algún día hablaremos del curioso concepto, por ejemplo, de patriotismo constitucional...

Por tanto, nos encontramos ante dos posiciones curiosamente concurrentes: de un lado, nunca se querrá modificar de posición política, ya que siempre se estima correcta; de otro, no importará modificarla de manera más o menos sustancial ya que, en el fondo, nunca se estima íntimamente correcta la propia posición.

De esta forma, el talante es otro de los mitos de la izquierda: se esgrime públicamente una actitud negociadora pero, en realidad, nunca se negocia acerca de los aspectos fundamentales de una cuestión determinada. Eso sí, se mantienen reuniones, y se cumple el expediente acerca de la voluntad negociadora del Gobierno.

Y así, entre la soberbia de unos y el complejo de otros va discurriendo triste, como un río melancólico, nuestra vida política.

Sin embargo, el talante puede ser una “trampa” para quien lo esgrime, siempre y cuando uno se muestre firme en sus convicciones y claro en sus planteamientos políticos. Un ejemplo: el año pasado quedó constituída una llamada “Comisión Interministerial para el Estudio de las Víctimas de la Guerra Civil y del Franquismo” , la cual tiene por objeto la redacción de un texto legislativo que contemple la situación legal legal de estas Víctimas, reuniéndose a estos efectos con organizaciones sociales implicadas.

Esta era una muestra de talante zetapero: elaborar una Ley de Víctimas para uno solo de los bandos contendientes, negociando para ello con todas los colectivos implicados dentro de un escenario ideológico uniforme...

Aprovechando esta muestra de talante, la opción falangista se personó ante esta Comisión de Víctimas, aportando escritos y documentación necesaria para considerar a sus Caídos y Represaliados como merecedores de entrar en el ámbito de protección de la Ley. Teníamos Caídos y Represaliados, víctimas de procedimientos judiciales excepcionales y de ejecuciones ilegales (curiosamente, además, en ambos bandos contendientes).

Nadie nos esperaba, pero aprovechamos el talante. Por primera vez en la historia de nuestra Democracia, se produjeron varias reuniones en “La Moncloa” entre esta Comisión Interministerial y una comisión falangista. Tuve el honor de ser testigo de las mismas.

Y así, el Gobierno ha rectificado su línea legislativa inicial: la aparición de la nueva Ley se retrasará al objeto de conceder cobertura a los Caídos de ambos bandos contendientes. ¿Las claves de este éxito? Sólo dos: actuación adecuada sin complejos, a pesar de la soledad de nuestra iniciativa dentro de un océano de iniciativas adversas, y actitud correcta en los interlocutores: verdadero talante en el orden práctico.

A la larga, había resultado que el talante no era una entelequia, ni una broma pesada al ciudadano. Tan sólo hacía falta encararlo con la firmeza necesaria. Porque la negociación es posible y positiva si ambas partes están en un mismo plano de igualdad ideológica, y no se tienen erróneas actitudes de falsa inferioridad.

Frente al talante de unos y los complejos de otros, reacción popular. El talante nos ha dado opción de defender lo nuestro. De forma correcta, ponderada, ecuánime y abierta. Defender lo nuestro. Sin complejos.

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