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LOS DE LAS TRINCHAS (2/IV/09).

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 TAGS:undefinedSiempre lo vimos claro. Los acuerdos adoptados por nuestra Junta Política de 14 de Enero de 2.006 no sólo eran los únicos moralmente aceptables en aquel momento, sino los únicos conformes a Derecho que se produjeron en esas tumultuosas fechas. Lo veíamos tan claro, que lo mantuvimos frente a todo y frente a todos. Al final, y mediante una Sentencia en primera instancia del Juzgado Núm. Cincuenta y Cuatro de Madrid, se nos ha dado la razón. La verdad es que el Pleito ha sido complicado. Complicado como siempre que se somete al estudio y análisis de un Juzgado una larga -y a menudo compleja- sucesión de actos de gobierno de una persona jurídica. Así se ha hecho ante el Juzgado de Primera Instancia desde mediados del mismo año 2.006. Utilizando todos los recursos procesales a nuestro alcance. Al final, hemos ganado el Juicio en primera instancia. Y nuestra victoria es la de todos, no sólo de nuestros militantes. La de todos los que conciben el nacionalsindicalismo de una manera muy determinada y concreta. La victoria de todos los que están cansados de sufrir las arbitrariedades de los que han olvidado que no estamos en 1.940. El triunfo de los que no creemos en la fe en el Mando -con mayúscula mayéstatica- o en los que nos oponemos al tradicional hoy más que nunca... prietas las filas. Eso ya ha pasado. Nosotros lo hemos demostrado.

Raro es el día que no recibimos durísimos ataques. Los de las rayban y los gorrillos cuarteleros. Los del Land Rover. Los de las trinchas. Día sí y día no. Los extraños gurús del falangismo más rancio repiten -como un mantra monotemático- los manidos tópicos acerca de nuestro carácter extremoderechista, de nuestros modos de hacer política... de nuestra forma de ser como partido. Y, sin embargo, los del gorrillo han dado una lección a todo el universo azul. Porque mientras un sector -por suerte minoritario- del nacionalsindicalismo se limita a teorizar delante de un teclado sobre la modernidad y sobre el falangismo democrático, nosotros -los del chápiri- hemos tenido que luchar -en la práctica y muy duramente- por hacer efectivos estos conceptos. Nosotros -todos y cada uno de los militantes de La Falange- hemos tenido que luchar por el contenido que, de manera real y efectiva, tienen los conceptos democracia interna, derechos de los militantes o control legítimo de los actos de nuestros responsables. Que no nos lo cuenten, porque ya nos lo sabemos...

El universo azul ha tenido una tendencia ancestral a dar por válido todo acto que venga de los Jefes. Existía todo un modo arraigado de ver las cosas -comúnmente aceptado- basado en la inmutabilidad de los actos de gobierno decretados por los máximos responsables falangistas. Existía una común creencia -fomentada y patrocinada muchas veces por nuestros propios órganos de gobierno- en el hecho de que a los falangistas no nos concernían los usos de normal conducta que deben regir la vida de los partidos políticos. Que no iban con nosotros. Nada más lejos de la realidad, porque los de las trinchas lo han demostrado. Lejos de teorizar acerca de lo qué debemos ser... nosotros lo hemos hecho realidad.

No dejéis que os cuenten cuentos. Los de las Rayban y los de los amigos neonazis no sólo hemos hablado de usos y reglas democráticas dentro del falangismo. Los de la boina negra hemos tenido -además- que acreditar reiteradamente que sabemos lo qué es la democracia interna y que la practicamos habitualmente en nuestra concepción del falangismo. Ha habido que probarlo... y a cara de perro. Luchando cada minuto de juego. Los del correaje hemos marcado la enorme diferencia existente entre teoría y práctica. Nadie nos va a contar cómo se vota, cómo se elige a nuestros representantes, como se incian unos expedientes concretos, cómo se acude a nuestros órganos de control... nadie nos lo va a contar porque ya lo sabemos. Lo hacemos todos los días en el quehacer cotidiano de nuestro partido. Los del gorrillo.

Los que nos dirigían han querido dejar al nacionalsindicalismo fuera de las normas usuales de comportamiento democrático. Todavía quedan reductos -cada vez menores- de estas formas de gobierno autocrático falangista. Es como si quisieran que la extensísima regulación legal que nos protege no fuera con nosotros. Como si al falangismo no le fuera aplicable la Ley de Partidos. Y es que olvidan que las relaciones internas desarrolladas dentro de un partido político -en nuestro ámbito occidental- están caracterizadas por un complejo entramado de derechos y obligaciones recíprocas... por un equilibrio reglado existente entre los derechos de los militantes, las necesidades de gobierno de estas entidades políticas y las posibilidades de control efectivo de los actos presuntamente ilícitos de los máximes dirigentes. De este equilibrio entre los distintos intereses en juego es de lo que han pretendido -y pretenden- alejarnos algunas de nuestras cúpulas dirigentes. Los del correaje han demostrado que, cuando una cúpula dirigente falangista olvida las normas de comportamiento democrático, pierde su legitimidad y puede ser apartada de sus funciones directivas.

Ahora vendrán con la murga habitual de que si nosotros hemos recurrido -o dejado de recurrir- al auxilio de los Jueces del Sistema para hacer valer nuestros legítimos derechos. Por supuesto que lo hemos hecho y por supuesto que lo seguiremos haciendo. Porque el falangismo no puede quedar al margen de la Ley de Partidos... y para eso están los Jueces...precisamente. Para recurrir a ellos cuando nuestros derechos son vulnerados. Y ello me lleva a preguntarme si es posible una cierta clarificación judicial del nacionalsindicalismo. En mi opinión, no sólo es posible, sino deseable.

Porque cuando nos seguimos encontrando con actitudes como las esgrimidas por DIEGO MÁRQUEZ, JORGE GARRIDO O NORBERTO PICÓ -durante las últimas semanas y al frente de la Junta Nacional de FE-JONS- es cuando me doy cuenta de lo mucho -muchísimo- que queda por hacer. Militantes expulsados sin Expedientes Disciplinarios, ceses inexplicados de cargos nacionales, asambleas partidarias de más que dudosa legalidad... los comportamientos usuales de los que quieren dejar al falangismo al margen de la normalidad democrática y de los mecanismos de control de sus dirigentes. Nosotros -los del Land Rover- hemos demostrado que estas bochornosas situaciones no tienen por qué ser soportadas, y qué es posible que los falangistas seamos -ni más ni menos- como los demás militantes de otras opciones y partidos. Es necesario acabar -de una vez para siempre- con estas actitudes vergonzosas.

Es posible la coordinación falangista. Todavía es posible la unidad en torno a unos principios comunes y a unos principios rectores de nuestra actuación pública mútuamente pactados. Debemos acudir a la cita electoral del 2.011 dotados de un sólo Programa y dentro de una sola Candidatura a lo largo y ancho de los Municipios españoles. Tan sólo es necesario -ahora más que nunca- unir los esfuerzos de todos cuantos soñamos con un determinado proyecto falangista. Este proyecto no es otro -al día de hoy- que el de forjar la voluntad de definirlo todos juntos. Cantalapiedra y sus modos peculiares ya han sido derrotados. Buena suerte en su periplo frentista, y lo digo sin ninguna sorna. Ahora pasamos -ya con todo el tiempo del mundo salvo, claro está, el de contestar a la más que presumible apelación de nuestro cesado Jefe Nacional- a ocuparnos del otro -del último- de nuestros equipos rivales...

Cantalapiedra ha demostrado tener -durante este proceso judicial- un claro asesoramiento legal que, aunque equivocado, definió nítidamente su estrategia, así como una base humana y militante detrás de un proyecto político perfectamente articulado. JORGE GARRIDO, NORBERTO PICÓ y el casi saliente DIEGO MÁRQUEZ carecen de estos tres factores: ni asesoramiento legal, ni proyecto político ni base militante. Los militantes de FE-JONS lo tienen muchísimo más fácil que lo tuvimos nosotros. Al menos en teoría. Nosotros -los de la borla- seguiremos contribuyendo a la incorporación del nacionalsindicalismo a los usos y prácticas del Siglo XXI. Ha sonado la hora del fin de los equipos personalistas y arbitrarias. Ha llegado la era del final de las camarillas.

Y por cierto... ahora que hablamos de clarificaciones judiciales, asambleas, usos democráticos etc... ¿para cuándo votamos el final de las trinchas? Apoyo la moción.

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