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¡¡¡ÚLTIMA PARADA... VOX!!!!

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Hace mucho tiempo, yo creía en las cosas que escuchaba de los labios de nuestros más serios analistas. Y es que hemos hablado mucho dentro de nuestro entorno político: desarrolladas y profundas teorías que venían a encontrar una solución para el falangismo y para su futuro. Hemos hablado mucho y bien para, al fin y a la postre, no hacer nada al respecto. Miles de palabras malgastadas porque, en definitiva, muy pocos han dado un paso al frente para evitar que este invento se muera. Cosas de la vida.

Decíamos que decían antes de ponerme a divagar. Y se decía que cuanto más fuerte fuera una opción política de extrema derecha -en el sentido no sólo de agrupar corrientes y personas como también de ofrecer una propuesta nítida y atractiva- cuanto más podría encontrar una nueva oportunidad el falangismo. La razón de ello estaría en el hecho de que todos aquellos que nos están vendiendo la falsa y adulterada idea de un pseudonacionalsindicalismo caducado se moverían al ritmo del siempre recio cornetín del nacionalismo chauvinista.

De esta forma, la extrema derecha quedaría unida e integrada mientras que -por la simple inercia de las cosas- el falangismo aparecería puro y cristalino ante la opinión pública: claramente situado al margen -por fin- del lastre reaccionario de la indisimulada antipatía frente al inmigrante, sin el peso de la gris homofobia, sin espacios para el capitalismo vergonzante y sin la adhesión a las formas de gobierno más autoritarias. Falange recuperaría así su lugar en el mundo: trazando una línea de clara distinción frente a toda esa chatarra impresentable. 

Yo me llegué a creer esta afirmación. Yo me creía todo aquel entonces.

Esto viene a cuento porque se dice que VOX está vetando, con intransigente firmeza, a cualquier persona que provenga del mundillo ultra y que quiera sumarse a sus listas. No les dejan pasar.  Nuestro gozo en un pozo. Abascal tiene en su mano la posibilidad de reunir en VOX a todos los extremoderechistas españoles y, sin embargo, está rechazando esta alternativa integradora. Yo creo que esto constituye una falta absoluta de visión política por parte de Abascal y de VOX que, de esta manera desabrida, destruyen el sueño de ese gran partido lepenista por el que tantos y tantos viejos conocidos han realizado sobrehumanos esfuerzos.

Porque, compartiendo como comparten un mismo electorado, bastaría un poco de psicología y de tolerancia por parte de Santiago Abascal para ganarse incondicionalmente a los dirigentes de Respeto o de ADÑ. Que les hable de la unidad de España. España Una y no cincuenta y una. Que les hable de la Reconquista y de los españoles primero. Que les hable de la enemistad de la izquierda y del odio hacia Pedro Sánchez. Que les hable de frenar la inmigración, del enemigo islámico y de la familia tradicional. Que les hable del Papa Francisco como de un enemigo, y que les hable del peligro comunista y de la degeneración homosexual. Todo eso podría perfectamente unificar criterios e integrar personas, siempre y cuando -para cubrir las apariencias- VOX introdujera en su programa un poco de capitalismo social, de fomento de las cooperativas y cositas así. Las personas que proclaman una idea similar de España deben de formar juntas, con la sólida hermandad de un Tercio Viejo, frente a las tropas herejes enemigas del Rey y de la Patria.

Construir sobre esas pautas una gran alternativa por España y para España sería una de las cosas más grandes que los responsables de ADÑ o Respeto podrían hacer: de una manera inesperada, se encontrarían cerca del poder y luchando por los mismos principios en los que todos ellos creen. Y Santiago Abascal se beneficiaría de la experiencia política que estos personajes han acumulado durante años de lucha por esa España de orden que propugnan. Por un poquito de mano abierta en lo político, y de generosidad en sus ofertas, VOX podría eliminar el riesgo que supone perder unos miles de votos a su derecha. Todo suma en la gran tarea de construir la alternativa.

Pero a VOX le está faltando olfato. Y eso nos condena a seguir confundiendo el nombre de nuestra opción política con esa extraña mezcla de integrismo, fascismo, racismo, homofobia y conservadurismo que constituyen los pilares de ADÑ, Respeto y similares. Así no hay manera. Han perdido el tren en la última parada aunque, tal vez, ya todos lo hayamos perdido mucho antes. En el supuesto de que la extrema derecha se uniera decididamente en torno a VOX, y aún en el caso de que ello supusiera dejar de mezclar nuestros colores en la paleta de la propuesta adulterada, nosotros -los falangistas- nos encontraríamos tan solos e indefensos como siempre. Como lo hemos estado desde el mismo momento en que nacimos. It´s too late como decía Carole King.

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