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URBANISMO Y CORRUPCIÓN EN TIEMPOS DE CRISIS (OCTUBRE 2.008).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 147 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Nos cuenta MINUTO DIGITAL que, en el año 2.007, se han dictado ciento noventa sentencias condenatorias por delitos contra la ordenación del territorio. El año pasado habían sido “sólo” ciento cuarenta y una sentencias. Asimismo, y también en el año 2.007, existían mil noventa y seis procedimientos abiertos en investigación criminal de abusos urbanísticos, frente a los “sólo” ochocientos sesenta y nueve del año 2.006. La verdad es que las cifras asustan.... sobre todo si se tiene en cuenta que, por las leyes de la más pura lógica, tan sólo una parte del problema desemboca en la vía judicial. Y es que impresiona más saber lo que se silencia que lo que llega a investigarse por medio de la correspondiente actuación judicial. Lo que permanece escondido por contra de lo que se destapa. Y es que siempre que, en los desvanes de un sistema político, existan este tipo de problemas... habrá sonado la hora de su transformación radical. Nosotros, los falangistas, estamos propugnando una apertura de los procesos urbanísticos. Porque incrementando el número de personas que tiene decisión y control sobre los mismos está disminuyendo, de forma radical, el riesgo de corrupción y de actuación ilícita. Transparencia sobre opacidad delictiva. Participación popular sobre urbanismo y presupuestos constituye una premisa básica para impedir las irregularidades de unos pocos. Procesos urbanísticos populares y presupuestos participados constituyen algunos de los pilares básicos de una verdadera democracia. Elementos políticos para evitar, en la medida en que esto nos sea posible, la utilización del actual sistema colectivo en beneficio individual. Y es que creemos que la participación ciudadana efectiva imposibilitaría las situaciones de corrupción dentro de nuestro entorno más directo. El ámbito municipal.

Este incremento respecto al pasado año nos hace, asimismo, plantearnos la cuestión de si no estaremos ante un recrudecimiento de la situación general de corrupción política. Una vuelta al PSOE felipista de los peores ochenta y noventa. Aunque, la verdad, no creo que el nivel de corrupción de nuestro Sistema dependa, en exclusiva, de quien ostente en ese momento el Gobierno de la Nación. No depende, en forma alguna, del Partido Político que manda. Porque el nivel de corrupción descubierta de una sociedad dependerá, dentro de nuestro ámbito cultural, de lo mejor o de lo peor que un determinado cargo público poco escrupuloso sea capaz de ir borrando sus propias actuaciones ilícitas. En definitiva... el volumen de corrupción dependerá no tanto de quién la practique, sino de cómo la practique. Es así de triste y así de negativo. Y es que lo malo de la corrupción no sólo se encuentra en el envilecimiento de nuestra sociedad, sino también en la pérdida de beneficios económicos que la misma trae consigo. A mayor percepción de corrupción dentro de un determinado Sistema, menor será el volumen de inversión económica que, tanto desde dentro como desde fuera, se está dispuesto a realizar.

Y partiendo del hecho de que la corrupción -en sí misma- no aumenta porque siempre existe en igual nivel, los datos barajados no dejan de ser, paradójicamente, positivos. La existencia de este incremento supone un aumento en el número de denuncias, así como un correlativo aumento de las actuaciones judiciales de investigación. Esos datos son postivos, porque nos muestran no sólo un aumento en el grado de concienciación de la ciudadanía afectada por estas situaciones de abuso, sino también un mayor reforzamiento de las intituciones destinadas a su investigación, persecución y castigo. A ello, y sin duda, habrá que añadir una mejora en los mecanismos legales que regulan estas actuaciones. Nuevas normas que han reforzado el control legal de los procesos urbanísticos. De todas formas, y dada la situación de radical crisis económica en el sector sensible de la construcción, se dará la extraña circunstancia de una visible reducción de los casos de corrupción. Y ello por la sola razón de que se construye -o se pretende construír- mucho menos que en los pasados años. Es así de curioso... a menor dinero para la construcción se producirá una disminución de los casos de corrupción política. Para que luego digan que no le sabemos ver el lado bueno a los tiempos difíciles.

De todas formas, a mí no me consuela. Y me imagino que a vosotros tampoco. El defecto de esta democracia está, precisamente, en eso. En que todo lo que se hace para mejorar el estado de cualquier cuestión no deja de ser un mero parche reformista. Una simple reforma con la que, lejos de atacar la raíz de los problemas concretos, se tiende a mejorar -casi siempre de forma tímida- tan sólo aspectos limitados de los mismos. Porque sólo a través de transformaciones radicales dentro de los sectores en cuestión, seremos capaces de atajar -para siempre- los verdaderos males de nuestra Sociedad. Y eso es lo que, de verdad, enfada y desilusiona: que siendo tan sencillo terminar con estas cosas no lo hagamos. Que pudiendo curar, definitivamente, al enfermo... siempre nos quedemos en el borde.

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