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PORQUE VAS A SENTIR AMOR DEL BUENO. A MARTA BALDÉ Y A CARLOS MARTÍNEZ-CAVA (27/XII/10).

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 TAGS:undefinedDedicado a Marta Baldé y a Carlos Martínez-Cava en el inicio de su bella aventura. Mis amigos.

Es bonito poder escribir algo bonito en Navidad. Es bonito porque, lejos de las tediosas contiendas que suelen caracterizar mi actuación política y al margen del torbellino profesional en el que estoy sumergido casi constantemente, existe una bonita historia que contar. Y es bonito porque es una historia de amor muy adecuada -como todas las historias de amor felices- para ser contada en estos días luminosos de Navidad. Al calor de la lumbre y justo al lado de un gran árbol decorado con luces blancas. Parecido a una estampa de Norman Rockwell pero, por supuesto, sin el american way y sin Papa Noel. Porque seguro que Carlos Martínez-Cava no cree en Papa Noel y porque -seguro también- que Carlos Martínez-Cava monta un nacimiento justo al lado del árbol. Pure spanish way.

El asunto concierne a mi amigo Carlos Martínez-Cava. Muchos de vosotros le conocéis. Desde las filas de AES y a través de sus columnas periódicas, Carlos propugna un movimiento de regeneración nacional apoyado en la instauración -en nuestra vida pública- de sólidos principios morales y políticos. Carlos militó en su juventud en el nacionalsindicalismo, siendo uno de sus principales defectos el no haber continuado dentro de nuestro entorno azul. Tal y como está el patio -y bien mirado- a lo mejor eso no es un defecto. Cualquier profesional inteligente que pase por aquí, querrá marcharse -casi inmediatamente- en cuanto compruebe en qué se ha convertido -en qué lo han convertido- el llamado mundo falangista: un avispero raquítico y mediocre que necesita ser fumigado. Y puestos a fumigar, siempre será mejor dejar a otro esta ingrata tarea y partir libre hacia otros mares de locura, como dice el bolero. Os lo dice el fumigador vocacional que suscribe, aunque no lo pase mal del todo desarrollando esta noble y necesaria tarea de higienización.

Lo mejor de Carlos Martínez-Cava no es sólo que propugne públicamente la plena validez de esos principios morales y políticos. Eso lo hacemos todos. Lo mejor es que ha demostrado que los sigue también en su vida privada. Que piensa como actúa y viceversa. Y eso con la ocasión feliz de haberse enamorado.

Que dos personas se enamoren es siempre algo bonito. Y que lleven a buen término su historia de amor todavía más. Ahora llamamos historia de amor a cualquier cosa. El concepto -al igual que ha ocurrido con muchísimos otros conceptos en este mundo triste y ramplón que padecemos- se ha venido devaluando tanto que -cada vez- cuesta más trabajo reconocer una historia de amor de verdad. De verdad de la buena. Porque hoy llamamos historia de amor tanto a una serie concatenada de sucesivos polvos -por ejemplo- como a una mera atracción o afinidad de gustos entre dos personas. No soy un experto en la materia -confieso que siempre me ha ido realmente mal en ello- pero supongo que se trata de una idea dependiente no sólo de las circunstancias de cada pareja, sino de la intensidad de los propios sentimientos de sus integrantes. El amor es una cuestión esencialmente humana -por íntima- y no creo que pueda ser definida con la exactitud de una fórmula química o matemática. Se trata de una simple cuestión de sensibilidad y de voluntad de trascendencia.

A mí modo de ver, lo que caracteriza al amor -al amor del bueno, como dice la ranchera Un Mundo Raro- no es la mera atracción irresistible entre dos personas. No es la pasión. Ese sólo es el primer estadio, pero no es suficiente. Es necesario que estas dos personas que se atraen tengan un proyecto de vida en común. Llevar la atracción inicial a una continuidad en el tiempo. En otras palabras, una voluntad común de permanencia que les permita -de una forma u otra- ir formando lazos sólidos para el futuro. Dos personas que -para estar juntas- tendrán que superar dificultades y superar toda clase de obstáculos. Vencer distintas resistencias. Vencerse -incluso- a sí mismos y a las innatas tendencias a la liberadora rendición.

Marta Baldé y Carlos Martínez-Cava han protagonizado -están protagonizando- una auténtica y verdadera historia de amor. Mes a mes, hemos seguido sus andanzas a través de facebook. Como si de una antigua novela por entregas se tratara, hemos podido leer diariamente sobre sus distintos avatares y circunstancias personales, sobre sus anhelos y esperanzas y sobre su proyecto común de futura convivencia. Facebook concebido como un poderoso instrumento de comunicación de los propios valores y de tus patrones de conducta. Y ante la exhibición de este amor -como siempre- las dos posiciones antagónicas e irreductibles. De un lado, los que piensan que se trata no sólo de un descarnado -e impúdico- ejemplo de exhibicionismo sentimental, sino también de una forma de hacer públicos sentimientos que debieran quedar en la intimidad de cada uno. En la propia casa. De otro lado, se encuentran los que opinan que la felicidad puede ser compartida, y que los muchísimos sentimientos positivos generados en esa situación son tan valiosos que no deben quedar encerrados en el conocimiento exclusivo de sus protagonistas.

Uno cree que los más reputados meapilas reaccionarios del panorama político español se encuentran dentro del nacionalsindicalismo. Garrotes clericales que, golpeando desde la más negra concepción rituaria de un catolicismo apolillado, encuentran sitio para La Falange otra vez dentro de la olla podrida del nacionalcatolicismo. Sin embargo, ello no es así, porque existen también personajes de semejante catadura moral fuera de la órbita rojinegra, lo cual no deja de ser un alivio. Por fortuna, y al parecer, existen también significadísimos santones dentro de otros ámbitos políticos distintos al nuestro. Vengan de donde vengan, todos estos sujetacirios se han dedicado a anatemizar el amor de Marta y de Carlos, calificándolo en términos impropios de estos tiempos. No les gusta ni que dos personas vivan su amor ni que, muchísimo menos, nos lo cuenten. Pretenden vincular una conducta libre a cánones familiares absolutamente desfasados... a una concepción matrimonial no sólo anticuada, sino también esencialmente dañina y perjudicial para la persona en todos sus aspectos. Y es que lo malo -lo intrínsecamente perverso- no es que a estos tíos se les haya parado el reloj. Lo malo es que pretenden que también se nos pare a los demás. A mí este tipo de conductas me repugna, y cada vez estoy convencido de que estos personajes deben ser erradicados del espectro político español. A patadas y de forma definitiva.

Yo quiero y respeto a Carlos Martínez-Cava desde mucho antes de que pasara todo esto. A Marta, por extensión y por convicción, también. Por eso, a mí me da igual lo que Marta y Carlos han publicado -y publicitado- estos últimos meses. No entro nunca a enjuiciar las actuaciones de las personas que quiero y que respeto, porque las supongo dotadas del necesario nivel de reflexión y de madurez personal antes, durante y después de producirse. Ante esto, poco puede añadir uno de su propia cosecha. Sin embargo, puedo deciros que creo en la publicidad de los sentimientos amorosos como prueba evidente no sólo de la sinceridad de los mismos, sino de la más que probable bondad de la persona que los hace públicos. El verdadero amor es público, y ello constituye el último escalón del compromiso adquirido respecto al otro. La verdadera felicidad tiende a expandirse y a contarse. Por el contrario, una postura ocultista frente al amor suele querer indicar cobardía o muy poco claras intenciones frente al futuro. El que silencia sus sentimientos puede escapar más fácilmente que el que los proclama. Posturas que manifiestan una clara reserva mental y muy pocos anhelos de futuro. El silencio como preludio evidente del final -más que inevitable- de una relación.

Y eso no lo han practicado Marta y Carlos. Lo han demostrado diariamente por medio de sus manifestaciones públicas y -lo mejor de todo- es que nosotros hemos podido leerlas y comprobarlas.

Marta y Carlos me han dado un admirable ejemplo de sinceridad y de fuerza. Me han transmitido la idea que ellos -precisamente- querían transmitir. Que en nuestro ajado -y cansado- mundo el amor que nace entre dos personas puede vencer cualquier obstáculo. Marta y Carlos quemaron sus naves y se comprometieron a luchar juntos por la clase de vida que, en su día, decidieron llevar. Marta y Carlos han roto con su pasado y viven su presente juntos, como juntos se enfrentan al reto de dar forma a su proyecto de vida en común. Han entendido el amor como avance, dinamitando los puentes a su paso y estrechando más su relación a medida que iban avanzando. Con valentía, con sinceridad y con optimismo. Me resulta admirable que -con la que está cayendo- hayan entendido el amor como un sentimiento que siempre debe prevalecer. Prevalecer frente al trabajo de cada uno. Prevalecer frente a cualquier consideración económica. Prevalecer frente a cualquier condicionante personal. La moraleja de todo esto no puede ser más clara. Dos personas que se quieren tienen como problema principal el de estar juntos y el de querer estarlo. Cuando esto se consigue, todo lo demás se afronta con valentía y se puede vencer. En esta España de gente que no lucha -que se rinde de antemano ante cualquier clase de dificultad grande o pequeña- estos ejemplos personales nos dan fuerza y valor para seguir viviendo. Marta y Carlos han demostrado que el amor sigue siendo posible en esta España de final del 2.010.

Han comenzado a vivir juntos en Nochebuena. No hay mejor principio para ellos. Un abrazo grande -grandísimo- a los dos.

 

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