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UN VERANO DE INSIDIAS Y CALORES.

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 TAGS:undefinedHa sido un extraño verano de inquinas mal disimuladas y de malquerencias antiguas. Un verano de calor y de bulos y de una forma muy vieja de hacer política. La propuesta lanzada por el Movimiento Falangista de España (M.F.E) en el mes de Junio, basada en una sencillísima idea de actuación coordinada de muy fácil articulación, volvió a motivar que los sectores más intransigentes y anticuados del pseudofalangismo volvieran a cargar contra mi persona tirando, al mismo tiempo y por elevación, contra el proyecto integrador que está intentando conformar el nuevo M.F.E. Se cumple así una de las inexorables leyes de la Física moderna: ser difamado por este tan poco selecto club del harapo significa que, en algún lugar del Globo, un grupo de falangistas lo está haciendo muy bien. Y es que el Movimiento Falangista de España lleva una marcha positiva y en la línea correcta o, al menos, así se demuestra si atendemos el volumen de insidia y de mala baba que nuestros impresentables amigos han barajado estos meses.

Con la perspectiva que da una trayectoria personal pública y publicada, puedo estar orgulloso de decir que siempre he luchado por las mismas cosas. Por una Falange democrática y por la búsqueda de espacios de encuentro entre nosotros. También frente a mí -frente a nosotros- están siempre los mismos: el férreo oficialismo que, temeroso a cualquier cambio, se aferra a una escualida parcela de poder sin ningún reparo moral al uso de la mentira sistemática y de la recopilación enfermiza de información sobre el disidente. Son ellos los que mienten. Son ellos los que insultan. Son ellos los difamadores. El garrote de la extrema derecha frente a los que siempre hemos pretendido abrir las ventanas y avanzar hacia los amplios espacios de la libertad. 

Lo bueno de ser injuriado y maldecido por la cuadrilla del rencor es que descubres cosas de tu vida que ni tú mismo conocías. Por ejemplo, este verano yo he descubierto que me expulsaron por la fuerza -hace ya algunos años de ello- de un albergue de Falange Auténtica porque, ante mis repetidos insultos y calumnias referidas a otros respetabilísimos camaradas, los anfitriones del evento se vieron en la triste obligación de echarme. La verdad es que no recordaba este episodio ya que, sin excepción, siempre que he acudido a algún evento de este grupo de amigos he sido recibido en medio de una nube acogedora de sonrisas, abrazos y palmetaditas cariñosas en mi espalda. No recordaba algo así entre tantas muestras de afecto pero, si lo dicen estos heraldos de la paja, será cierto.

Tampoco puedo acordarme de lo que le hicimos mi amigo Juan Luis Bagüés y yo al anterior Presidente del MFE Antonio Jareño durante el transcurso del Quinto Congreso de este partido. Al parecer, yo le aticé a este anciano venerable un par de empellones -lo suficiente para ablandar un poquito su carácter insobornable- mientras Juan Luis le sumía en tal estado de tensión y de ansiedad que llegaba a provocarle un infarto. Entre Juan Luis Bagüés y yo hicimos un buen siete a nuestro anciano Camarada. Esto te lo cuentan, sin pestañear, personas que ejercen cargos de responsabilidad en las organizaciones del ala derecha de nuestro entorno. No deja de asombrar, a propios y extraños, esta inusual acumulación de odio que siempre -qué casualidad- viene de los sectores más áridos e inmovilistas del pseudofalangismo de derecha. Hay que odiar mucho -y bien y a conciencia- para propagar estas historias. 

Porque están utilizando la mentira y están instrumentalizando el odio. Eso sólo significa una cosa: que las líneas políticas que apuestan decididamente por la búsqueda de un consenso entre nosotros les molestan, y que han decidido seguir taponando cualquier cambio. Ya sea desde posiciones indisimuladamente jurásicas ya sea desde posturas presuntamente actualizadas y modernas.

Pero sabemos que nuestro futuro está, precisamente, en la búsqueda de acuerdos ente personas que no se llevan bien. La madurez política del nacionalsindicalismo consistiría en eso: en entender que, por encima de tal o cual persona y sin exclusiones estériles, podríamos llegar a fijar líneas conjuntas de actuación que nos permitieran avanzar. En eso está el M.F.E. No se trata de caernos bien: se trata de poder remar juntos en una misma dirección. Nosotros somos capaces de sentarnos en una mesa y hablar con los mismos que nos insultan, siempre por el bien de la Falange, y ellos no. Esa diferencia es esencial para definirnos a todos y cada uno de nosotros y para situarnos -sin duda alguna- a unos dentro de una comunidad civilizada y a otros dentro de una secta anclada en los modos y formas del pasado.

Mientras tanto, la vida se nos va entre la hipocresía y el miedo. Entre personas que mantienen una puerta entornada frente a una mano francamente tendida y entre veladas alusiones -nunca claras y nunca directas- a imaginarios agravios pasados y a viejas historias que no son capaces de cerrar. Entre insultos mal disimulados, sonrisas falsas, miedos absurdos y esquivos cuchicheos seguimos paralizados e inermes. En un período decisivo de España, estamos siendo incapaces de ofrecer una alternativa seria a una sociedad en transformación vertiginosa. 

Yo recomiendo a ese pobre lector que lee cosas sobre mí o sobre el Movimiento Falangista de España (M.F.E) que no se quede en eso y que profundice. Que venga a alguno de nuestros actos públicos mensuales o que entable con nosotros contacto a través de las redes sociales o simplemente a través de nuestros correos electrónicos. Qué sepa realmente cómo somos y lo que queremos hacer en los próximos meses. Que me conozca, de verdad, y también a mis Camaradas. Que pueda contar con nuestra versión ante el insulto y que pueda comprobar -de primera mano- las diferencias entre nosotros y lo que han estado viendo, escuchando y haciendo antes. Ya han comenzado a llegar, gota a gota en corriente incesante, personas que han podido comprobarlo.

Yo recomiendo a este joven falangista que -habiendo llegado hace poco a nuestro triste y desesperanzado entorno político- se vea cotidianamente sometido por sus responsables directos a un verdadero proceso de catequización sobre quién es bueno y quién es malo que haga lo que debe hacer cualquier ciudadano comprometido y responsable ante esa presión cuasisectaria: informarse para pensar por sí mismo. Como decía aquel viejo anuncio de nuestra juventud busque, compare y si encuentra algo mejor...

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