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SOBRE LOS VIVOS Y LOS MUERTOS. FALANGISTAS ANTE LA CRISIS DEL NACIONALSINDICALISMO (OCTUBRE 2.009).

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 TAGS:undefinedVengo sosteniendo -desde hace ya largo tiempo- que el debate entre nuestras distintas ideas y corrientes constituye un factor positivo dentro del falangismo. Por esta razón, ayer me llevé una alegría al ver que Nacho Batres -una de las mentes más lúcidas de La Falange- mantenía públicamente -y desde la Secretaría Nacional de Comunicación e Imagen de nuestra organización- unas tesis tremendamente críticas respecto a las que yo llevo manteniendo desde hace meses. Entre tanto debate entablado frente -de un lado- a personas que carecen de talla moral o política alguna para enseñarnos nada o frente -de otro lado- a personas que aburren hasta a las ovejas manteniendo siempre el mismo discurso monocorde y chato, resulta absolutamente tonificante la lectura reposada de las ideas expresadas ayer por alguien como Nacho Batres. Por alguien de la edad y experiencia de Batres en cargos de responsabilidad dentro de La Falange. Por alguien que, a pesar del cargo que ocupa y de la situación por la que atraviesa el falangismo, se ha prodigado poco en nuestros distintos medios de expresión. Ahora aparece encabezando a la -al parecer- gran mayoría del partido partidaria de lo que se ha denominado política de los actos públicos. Y es que -en medio de tanto chichinabo cutre y melífluo- es un verdadero placer debatir con un amigo de su larga experiencia.

Se produce esta intervención -además- en mitad de una noticia que debería habernos hecho reflexionar a todos. Ya sabéis que el MPS ha anunciado su integración en el MSR. El MSR -a su vez- ha firmado un preacuerdo con el Frente Nacional y con E-2000. Y esta auténtica sopa de letras nos conduce a una triste pregunta de la que -por desgracia- conocemos perfectamente la respuesta. La pregunta es -ya lo habréis averiguado- si alguien de los aquí presentes sabe la razón por la cual los falangistas no podemos hacer lo mismo. Es decir, sentarnos en una Mesa y llegar a un acuerdo de mínimos... ¿tan difícil es? La respuesta también la sabemos todos, aunque ahora muchos se empeñen en mirar para otro lado. No nos podemos sentar en una Mesa ni podemos alcanzar acuerdos políticos porque cuatro personas -con nombre y apellidos- llevan AÑOS torpedeando cualquier esfuerzo encaminado a ese objetivo. Y es que parece una metáfora... mientras determinadas fuerzas políticas se están reorganizando orgánicamente y -a la vez- están redefiniendo su proyecto político, nosotros seguimos mirando hacia el Cuartel de la Montaña... los vivos y los muertos... el ayer como discurso recurrente frente a las urgencias y noticias del presente.

Lo primero que sorprende de este artículo es que Nacho Batres -siempre tranquilo y ponderado- haya recurrido a unos elementos falangistas demasiado fáciles -de segura recepción y de profundo calado entre nuestros sectores militantes mayoritarios- para defender posiciones políticas prácticas. Nada en el falangismo funciona mejor que la invocación a la eterna memoria de nuestros Caídos, así como a cerrar filas escudo con escudo en nuestra apretada falange. Los 300 (por cierto... yo firmaba por contar con una apretada falange escudo con escudo de trescientos afiliados). Y es que aquí Batres ha matado moscas a cañonazos. Porque para defender determinadas actuaciones políticas basta con aducir cuestiones prácticas y cotidianas. En concreto, si lo que se pretende es defender una determinada línea de actuación pública -o atacar otra- basta con argumentar las necesidades prácticas de carácter político que la hacen necesaria, así como exponer sus resultados prácticos. Eso es -sin duda- más difícil que hablar del Cuartel de la Montaña o de Matías Montero... que recurrir a esa mezcla imbatible de testosterona y muertos de indiscutible éxito en nuestras filas ... y eso es lo que resulta extraño en Nacho Batres. Que elija el camino más fácil. Que razone como un escuadrista adolescente y no como un Secretario Nacional. Porque ante el ejemplo de nuestros Caídos... difícilmente podrán aducirse cuestiones prácticas de orden político. Fundamentalmente, por la razón de tratarse de cuestiones diferentes en lo esencial. Lo que ocurre es que la situación nos exige soluciones maduras y respuestas serias. Soluciones responsables frente a arrecheras postadolescentes.

Porque esto es lo que -de verdad- resulta sorprendente en su artículo. Que alguien de su larga experiencia pueda creerse -de verdad- lo que en él se sostiene. Que alguien de su acreditado conocimiento sobre los hitos de nuestra dramática historia pueda elevar a la categoría de ejemplo táctico -que no personal... esa es otra cuestión indiscutible- la gesta falangista del Cuartel de la Montaña. Que mezcle de esta forma el pasado heróico con el hoy práctico. Que olvide que la sangre de nuestros Mártires borró la desastrosa planificación del Alzamiento en Madrid. Y es que -dejando al margen incuestionable el heroísmo de los Camaradas que nos precedieron- resulta que el Cuartel que nos propone el Camarada Batres para sentar hoy día nuestras recias posaderas rojinegras constituye el más perfecto ejemplo de error en la planificación, de utilización defectuosa de nuestros siempre escasos recursos humanos y de puesta del falangismo al servicio de intereses extraños. Aquello -y no otra cosa- fue la gesta del Cuartel de la Montaña en su aspecto político. Porque, presentado por Batres como un ejemplo a contraponer a determinadas posiciones políticas, resulta que parte de una afirmación errónea que -además- viene a darnos directamente la razón. Nuestros Camaradas no se encerraron a morir ese 18 de Julio entre sus muros... no se acuartelaron para realizar un sacrificio consciente y calculado. Como todos sabemos -y mucho más el Camarada Batres- se encerraron en el Cuartel de la Montaña porque creían que el Gobierno del Frente Popular iba a caer en cuestión de horas ante el levantamiento militar. Porque pensaban que el General Fanjul se iba a hacer con el control de Madrid en muy poco tiempo, y porque actuaban en el convencimiento de que la fuerza armada del Ejército sería suficiente para reducir a la impotencia a nuestros enemigos. Es decir, creencias erróneas dentro de una estrategia general igualmente errónea. Y los falangistas como siempre víctimas -heróicas víctimas- de los errores cometidos en la planificación y desarrollo de unos planes estratégicos ajenos en todo a nuestra intervención. Víctimas de una política diseñada en el error y para el error y -desde luego- muy poco acorde a las condiciones reales del momento y del lugar. Honor, Gloria y eterno Recuerdo a nuestros Caídos en el Cuartel de la Montaña, pero sin convertirlos en ejemplo de lo que el partido debe o no debe hacer en su día a día práctico y diario. Básicamente porque su ejemplo no nos marca ninguna pauta práctica positiva de actuación política. La referencia moral de los Caídos guía siempre a los falangistas. Pero la política práctica es otra cosa, por desgracia distinta y mucho más difícil.

Y es que -de forma inesperada y por alguien habitualmente prudente y silencioso- se ha abierto el melón público del debate sobre estas pautas prácticas positivas de actuación política. Un melón que siempre debe abrirse con cuidado y con pies de plomo. Sobre todo cuando se defienden las posiciones que yo defiendo. Porque mi rechazo a lo que se está haciendo puede ser interpretado -ya que los tontos son como los helados, que los hay de todos los gustos y sabores- como un rechazo al esfuerzo militante de aquel que pierde tiempo, esfuerzo y ganas en acudir a estas manifestaciones públicas... al afiliado que se deja alma y empeño en estas actuaciones. Nada más lejos de mi intención. Todo lo contrario. Respeto infinito a estos afiliados que -esta vez de verdad- son las Víctimas del año 2.009. San Sebastián, Treviño, Arenys, Pamplona... Víctimas caídas sin la Gloria de la Guardia Eterna. Víctimas de equivocadas políticas de las que no se obtiene ninguna ventaja o rédito práctico. Víctimas que se preguntan -a lo largo y a lo ancho de nuestra geografía- las razones por las cuales sus esfuerzos no producen frutos apreciables. Víctimas que contemplan -día a día- como cada vez somos menos. Cada vez más próximos a nuestra desaparición como opción política independiente y singular dentro del conjunto de las demás fuerzas políticas. Víctimas que no saben -porque nadie se está preocupando en contárselo- cuál es la posición del nacionalsindicalismo en relación a los problemas reales que afectan a los ciudadanos reales del Siglo XXI español. Víctimas transplantadas en día festivo a un Municipio del que no forman parte, que recibe su visita en medio de una nube policial y que carece posteriormente de una continuidad en nuestra presencia concreta. Víctimas -en definitiva- que no encuentran un razonable equilibrio entre esfuerzo y resultados prácticos.

Nacho Batres se equivoca al decir que se pretende dar lecciones de esto o de lo otro. Nadie pretende dar lecciones de nada, y mucho menos desde fuera. Yo sí que me considero un falangista. Un simple falangista que, en todo momento y de la mejor manera posible, puede dar su opinión sobre la marcha de las cosas. Lejos de tener la varita mágica sobre la salvación del nacionalsindicalismo, tan sólo puedo afirmar -categóricamente, eso sí- qué es lo que NO funciona. Un simple falangista que -junto a otros- estima que debe abrirse una fase de reflexión profunda que abra un cambio. Un simple falangista que -al igual que otros muchos- no estará en Pamplona el día 11, sin que ello suponga denunciar a José Antonio por tenencia ilícita de armas. Porque, sencillamente y sin dramas inmaduros, estima que estamos cayendo en un error político. Tal vez el último error de los muchos que hemos cometido en nuestra difícil Historia. El falangismo está en crisis y, ante esto, o podemos actuar como si no pasara nada -testosterona y muerte- o podemos intentar encardinar un cambio. Sin acritud y sin más luchas cainitas que las provocadas por los tres de siempre. Con calma. Y uno opina como puede y desde dónde puede. No se entiende bien que nuestro Secretario Nacional de Comunicación e Imagen reniegue públicamente de internet. La Red es el único medio que -al día de hoy- nos está salvando de la marginación más absoluta. Es un instrumento eficaz para la difusión de nuestras ideas y propuestas. Es el único modo que tenemos de dar nuestra opinión. Sobre todo si se está en minoría, como suelo estar yo. Muy cómodamente, por cierto. Un abrazo Nacho.

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